por: Televen
Foto por PATRICK T. FALLON / AFP
Hace cuatro décadas, lo que debÃa ser un hito de la exploración espacial se convirtió en el desastre más impactante de la historia aeroespacial.
El 28 de enero de 1986, el transbordador Challenger se desintegró frente a las costas de Florida apenas 73 segundos después de su despegue, un evento que fue presenciado en vivo por millones de personas, incluidos miles de niños en escuelas de todo el mundo.
La misión STS-51-L no solo buscaba poner en órbita satélites de comunicación y estudio del cometa Halley, sino que marcaba el debut del programa «Teacher in Space.»
Entre 12 mil aspirantes, la profesora de secundaria, Christa McAuliffe, fue seleccionada para ser la primera civil en viajar al espacio, una decisión que atrajo una atención mediática sin precedentes hacia el Centro Espacial Kennedy.
CronologÃa de un desastre evitable
El despegue se produjo a las 11:38 (hora local). Sin embargo, fallas crÃticas aparecieron antes del primer segundo: una de las juntas del cohete acelerador sólido no selló correctamente, permitiendo la fuga de gases calientes.
Aunque el óxido de aluminio selló temporalmente la grieta, corrientes de viento extremas a los 37 segundos rompieron el sello improvisado.
A los 58 segundos, una llama perforó el tanque externo de hidrógeno lÃquido y, a los 73 segundos, la estructura colapsó. El transbordador fue envuelto en una bola de fuego mientras viajaba a una velocidad supersónica de Mach 1.92
. La cabina de la tripulación se separó intacta, alcanzando los 20 kilómetros de altura antes de iniciar una caÃda libre de tres minutos hacia el océano Atlántico.
La investigación posterior determinó que la causa raÃz fue una pequeña pieza: los anillos en forma de O utilizados para sellar las juntas. El caucho de estas piezas perdió elasticidad debido a la temperatura de 1° C en Cabo Cañaveral, inusualmente baja para la zona.
Pese a que la NASA y la empresa proveedora Morton Thiokol conocÃan desde 1977 que el diseño era defectuoso, la agencia adoptó una «normalización de la desviación», considerando aceptable el riesgo tras años de vuelos sin incidentes graves.
Advertencias ignoradas
Lo cierto es que expertos coinciden en que la tragedia pudo haberse evitado. La noche anterior, el ingeniero Roger Boisjoly imploró posponer el lanzamiento, advirtiendo sobre una «catástrofe del más alto nivel».
Asimismo, Allan McDonald, director del programa de propulsión, se negó a firmar la aprobación por razones de seguridad. La respuesta de la NASA fue hostil, cuestionando irónicamente si debÃan esperar hasta abril para despegar.
Los siete tripulantes (Francis Scobee, Michael Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Judith Resnik, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe) no murieron por el fuego, sino por el impacto contra el agua a 333 kilómetros por hora. Pericias confirmaron que al menos cuatro intentaron activar sus sistemas de oxÃgeno durante la caÃda.
Tras el accidente, los vuelos espaciales se suspendieron por 32 meses. Una comisión presidencial, integrada por figuras como Neil Armstrong, concluyó que hubo fallas graves en la comunicación y la seguridad de la NASA, transformando para siempre los protocolos de navegación aeroespacial.