por: María Fernanda Pérez
29/11/2025 | 5:30 pm
Foto: John Nacion
En un fenómeno sin precedentes, la alfombra roja se ha convertido en una pasarela de cuerpos visiblemente más pequeños, encendiendo un debate global sobre la salud, la imagen pública, y el rol de una nueva clase de fármacos inyectables: los agonistas del receptor GLP-1, popularmente conocidos por marcas como Ozempic.
Lo cierto es que Dwayne ‘La Roca’ Johnson, conocido por su física monumental, reapareció más esbelto en el Festival de Venecia, marcando un claro punto de inflexión.
Johah Hill se mostró irreconocible tras una pérdida de peso significativa. Además, recientemente la actriz Lily Collins preocupó a sus seguidores al mostrar su figura.
SPLASH / BACKGRID
Este fenómeno no solo afecta a Hollywood. En España, el cantante David Bustamante fue objeto de una intensa presión mediática por lucir un cuerpo «más hinchado» en julio, regresando a la delgadez que el público demanda para septiembre.
El auge de estos medicamentos, originalmente diseñados para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad clínica, ha disparado una alarma social y médica.
Mientras que para algunos son una herramienta vital contra una enfermedad crónica, su rápido salto al ámbito cosmético, impulsado por el uso off-label en las élites de Hollywood, ha generado un cuello de botella en el suministro y ha normalizado la delgadez extrema.
Cantantes como Ariana Grande y FKA Twigs, quienes han mostrado cuerpos de una fragilidad notable en eventos recientes, son un ejemplo de cómo el nuevo ideal estético empuja los límites de lo que se considera una figura «saludable.»