por: Televen
24/02/2026 | 5:30 pm
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Las alarmas se encendieron en los centros educativos de Estados Unidos y el mundo ante un fenómeno sin precedentes: el deterioro sistemático de las habilidades de lectura y comprensión en la generación de adolescentes.
Según los informes más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP), el rendimiento estudiantil ha retrocedido a niveles no vistos desde 1992, revelando que solo uno de cada tres alumnos alcanza los estándares básicos de competencia.
Factores determinantes
Expertos y docentes universitarios coinciden en que la crisis es multicausal, señalando tres ejes principales que han erosionado la capacidad intelectual de los jóvenes.
Lo cierto es que el uso intensivo de smartphones y redes sociales ha modificado los códigos de aprendizaje. Se ha transitado de la «Galaxia Gutenberg», que exigía paciencia y profundidad, a una cultura de la recompensa inmediata donde el estudiante se siente «intimidado» ante textos que superan las diez páginas.
Asimismo, durante años, métodos de innovación educativa como la «alfabetización equilibrada» restaron importancia a la instrucción fonética sistemática.
Sin embargo, investigaciones cognitivas recientes demuestran que el reconocimiento de sonidos y el silabeo son fundamentales para el desarrollo lector temprano.
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En este sentido, el pedagogo Gregorio Luri advierte que la comprensión no es solo técnica, sino de bagaje.
«Si se reducen los conocimientos de los estudiantes, se reducen sus contextos», afirma, señalando que la falta de ideas previas impide situar los textos en su marco real.
Ante este panorama, 45 estados de EE. UU aprobaron leyes para retomar estrategias basadas en la evidencia científica. El caso de Misisipi destaca como referencia: tras reformar sus métodos y priorizar la fonética en 2013, el estado saltó del puesto 49 al 29 en los rankings nacionales de lectura, demostrando que la intervención estructural puede revertir la tendencia.
A nivel internacional, naciones como Singapur, Japón y Corea del Sur continúan liderando las métricas. La OCDE atribuye estos resultados a una combinación de disciplina social, respeto a la autoridad y, fundamentalmente, una cultura del aplazamiento de la recompensa, elemento que parece haberse perdido en el ecosistema digital de Occidente.