por: María Fernanda Pérez
23/02/2026 | 5:30 pm
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En medio del prolongado conflicto bélico contra Rusia, Ucrania puso en marcha una estrategia inédita para intentar salvaguardar su futuro generacional: la congelación de esperma y óvulos de los soldados en combate.
Lo que comenzó como una iniciativa de clínicas privadas se ha transformado en un programa estatal gratuito que busca mitigar el impacto de las bajas militares y la caída drástica de la natalidad.
El programa permite que los efectivos de las fuerzas armadas aseguren su material genético ante el riesgo de muerte o de sufrir heridas que comprometan su capacidad reproductiva.
«Nuestros hombres están muriendo y con ellos el acervo genético de la nación», advierten voces desde el frente, subrayando que la medida no es solo una opción familiar, sino una cuestión de supervivencia nacional.
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Desafíos legales y técnicos
La implementación de esta política no ha estado exenta de obstáculos. Inicialmente, la normativa estipulaba la destrucción de las muestras en caso de fallecimiento del donante, lo que generó conflictos legales con viudas que deseaban continuar con sus planes de concebir.
«La ley tuvo que ser modificada para permitir que las muestras se preserven hasta tres años después de la muerte del soldado, siempre que exista un consentimiento previo por escrito», informó la parlamentaria Oksana Dmitrieva.
La crisis demográfica se ha visto agravada por lo que expertos denominan el «síndrome de la vida detenida».
El estrés constante por los ataques con drones y misiles ha provocado que el número de embarazos se reduzca a la mitad desde 2022, además de que millones de mujeres en edad fértil permanecen fuera del país, sin planes de retorno a corto plazo.