por: Edgar Pilca
08/01/2026 | 6:30 pm
Andrea Piacquadio en Pexels
La migraña no es un simple dolor de cabeza; es una enfermedad neurológica compleja que afecta a cerca de 800 millones de personas en todo el mundo.
Sin embargo, detrás de las cifras globales se esconde una brecha de género alarmante: las mujeres padecen esta condición con una frecuencia y severidad significativamente mayor que los hombres.
Solo en Estados Unidos, 39 millones de personas conviven con episodios regulares de migraña. De este grupo, la proporción de mujeres supera en más de tres veces a la de los varones.
Para las mujeres en su etapa más productiva —entre los 18 y 49 años—, esta patologÃa se ha consolidado como la principal causa de discapacidad a nivel mundial.
La disparidad en la experiencia del dolor no es casualidad. Investigaciones cientÃficas apuntan a una combinación de factores genéticos, ambientales y, fundamentalmente, hormonales.
La epigenética, el estudio de cómo los genes se activan o desactivan por estÃmulos externos, sugiere que el cerebro femenino posee una estructura y adaptabilidad distinta frente a los desencadenantes de la migraña.
Las hormonas sexuales, especÃficamente el estrógeno y la progesterona, actúan como reguladores de diversas funciones biológicas y sustancias quÃmicas cerebrales. Estas pueden alterar rápidamente el tamaño de los vasos sanguÃneos, creando la tormenta perfecta para un ataque de migraña.
El punto de inflexión
Durante la infancia, la prevalencia de la migraña es equitativa: cerca del 10 % de los niños, sin distinción de sexo, la padecen. No obstante, la llegada de la pubertad marca un quiebre.
El fluctuar de los niveles hormonales en las niñas incrementa exponencialmente las probabilidades de desarrollar cuadros crónicos.
Se estima que entre el 50% y el 60% de las mujeres con migraña sufren de la variante denominada migraña menstrual. Este tipo de crisis ocurre en los dÃas previos o durante el ciclo, gatillado por la caÃda brusca de los niveles de estrógeno.
Estas crisis no solo son más frecuentes, sino que tienden a ser más severas y duraderas que las experimentadas por los hombres.
La carga de vivir con migrañas crónicas trasciende lo fÃsico. Los estudios demuestran que las mujeres con esta condición tienen una mayor predisposición a desarrollar trastornos de ansiedad y depresión. Pese a esto, también son ellas quienes buscan atención médica y fármacos con mayor asiduidad.