por: Televen
Foto por VALERIE MACON / AFP
El regreso de Justin Bieber a los escenarios tras casi cuatro años de ausencia desató una fuerte controversia en la edición 2026 de Coachella.
El artista, que se presentó como cabeza de cartel el 11 abril, protagonizó la actuación más cara en la historia del festival con un costo estimado de 10 millones de dólares, cifra que supera los récords establecidos previamente por figuras como Beyoncé o Lady Gaga.
Lo que encendió el debate entre crÃticos fue el formato del espectáculo. Tras una primera parte dedicada a sus nuevos discos «Swag» y «Swag II», Bieber transformó el escenario en un set minimalista donde, con la única ayuda de una laptop, comenzó a reproducir sus antiguos éxitos directamente desde la plataforma YouTube.
Los asistentes pudieron ver en pantalla cómo el cantante buscaba temas como «Baby» o «Never Say Never», una elección que muchos calificaron en redes sociales como un «karaoke» de lujo.
Durante la presentación, el artista interactuó con el público y con los usuarios del streaming al estilo de un creador de contenido de Twitch, preguntando cuántas décadas querÃan retroceder en su repertorio.
Incluso rescató sus primeras versiones de temas de Chris Brown y Ne-Yo, grabadas antes de ser mundialmente famoso. Esta arriesgada propuesta visual y técnica generó reacciones divididas; mientras algunos fans aplaudieron la reconciliación con su pasado, otros cuestionaron el despliegue de un show de tal presupuesto bajo una premisa tan simple.
El concierto finalizó retomando el formato convencional con la participación de invitados especiales como Tems, Wizkid, Dijon y Mk.gee.
A pesar del cierre musical de alto nivel, la conversación en torno a esta edición del festival permanece centrada en si la apuesta conceptual de Bieber justifica la inversión millonaria realizada por la organización de Coachella.