
por: Televen
17/03/2026 | 1:30 pm
Foto por PATRICK T. FALLON / AFP
La 98.ª edición de los Premios Óscar, celebrada el pasado domingo, quedó marcada por un momento histórico de reconciliación entre el cine y las artes clásicas. La leyenda del ballet, Misty Copeland, sorprendió al mundo al volver a calzarse las puntas para interpretar el tema «I Lied to You», perteneciente a la banda sonora de la película Sinners. Su actuación no solo significó su regreso tras su retiro en octubre de 2025, sino que sirvió como un contundente manifiesto frente a la reciente controversia generada por el actor Timothée Chalamet.
Un regreso triunfal cargado de simbolismo
Vestida con un conjunto de fuego y plumas que evocaba su icónico papel en El pájaro de fuego, Copeland realizó una serie de piruetas que desafiaron su reciente historial médico. Tras someterse a una compleja cirugía de cadera por espolones óseos y desgarro de labrum poco después de dejar el ABT, la intérprete confesó a los medios que volver a las puntas fue un reto personal.
«Ser parte de algo como Sinners me hizo pensar: ‘¡Sí! Voy a lograrlo'», declaró en la alfombra roja.
La actuación fue una traslación de la ficción a la realidad. En la película, el personaje de Miles Caton interpreta la canción mientras es rodeado por espíritus de artistas negros, incluyendo una bailarina de rojo que siempre fue interpretada por los fans como un tributo a Copeland.
La respuesta a Timothée Chalamet: «Sin el ballet no sería actor»
Más allá del espectáculo, Copeland aprovechó el foco mediático para cargar contra la visión de Timothée Chalamet sobre la cultura clásica. La tensión estalló este 2026 luego de que el protagonista de Marty Supreme afirmara que el ballet y la ópera son disciplinas que «ya no le importan a nadie». Copeland, quien irónicamente colaboró en la campaña promocional del nuevo filme del actor, calificó las declaraciones de «soberbias».
«Chalamet no tendría las oportunidades que tiene hoy como estrella de cine si no fuera por la herencia técnica y narrativa del ballet y la ópera», sentenció Copeland, recordando que estas disciplinas han perdurado por más de 400 años y son el cimiento de la formación artística en Nueva York, entorno donde el propio actor creció.