por: Edgar Pilca
30/10/2025 | 9:30 am
© Tomaz Silva/Agência Brasil
La ciudad de Río de Janeiro se encuentra sumida en una profunda conmoción y tensión política luego de que una redada policial a gran escala contra una banda de narcotraficantes dejara un saldo de al menos 119 muertos, convirtiéndose en el operativo más mortífero en la historia reciente del estado.
Decenas de personas, en su mayoría residentes de las favelas afectadas, manifestaron este miércoles, denunciando el uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades y exigiendo la renuncia inmediata del gobernador del estado de Río de Janeiro, Claudio Castro.
Frente a la sede del gobierno estatal, los manifestantes alzaron la voz, gritando «¡asesinos!» y agitando banderas brasileñas manchadas con pintura roja, un claro símbolo de protesta y luto. La manifestación ocurrió horas después de que familias y vecinos de las favelas Penha y Alemão expusieran docenas de cuerpos en una calle principal, buscando evidenciar la magnitud y brutalidad de la acción policial.
Fernando Frazão/Agência Brasil
Rápidamente, la cifra sin precedentes de víctimas y las condiciones en que se encontraron algunos cuerpos encendieron las alarmas. Surgieron interrogantes sobre la operación, especialmente después de reportes que indicaban que algunos cadáveres estaban desfigurados y presentaban heridas de arma blanca, lo que aviva la sospecha de ejecuciones o trato inhumano.
La presión institucional no se hizo esperar. El Supremo Tribunal Federal de Brasil, junto con fiscales y legisladores, solicitó de manera formal al gobernador Castro que proporcione un informe detallado y exhaustivo sobre la planificación y ejecución del operativo.
Para los residentes, el dolor se mezcla con la indignación. «Esto fue una masacre», lamentó Barbara Barbosa, trabajadora doméstica del complejo de favelas de Penha, una de las dos comunidades impactadas por la incursión.
«No dejaban de disparar, de lanzar bombas de gas lacrimógeno, y muchas veces tuvimos que ponernos a cubierto. Disparaban, y nosotros nos escondíamos entre los cuerpos para poder seguir adelante», dijo otro testigo.
La operación, que tenía como objetivo desarticular una red de narcotráfico, terminó por desatar una crisis de derechos humanos y seguridad pública en Río de Janeiro.