por: Edgar Pilca
29/11/2025 | 2:30 pm
UNTN24
Ecuador atraviesa una de sus crisis de seguridad más graves, y las cifras de violencia de género reflejan un panorama devastador.
Según el último informe de la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Alternativo (Aldea), Ecuador ha registrado 349 feminicidios entre el 1 de enero y el 15 de noviembre de 2025, la cifra más alta jamás documentada.
Este aterrador saldo implica que una mujer o niña es asesinada cada 22 horas, consolidando al 2025 como el año más violento contra las mujeres desde 2014, cuando el feminicidio fue tipificado como delito en el país. Desde entonces, se han contabilizado 2.331 casos de feminicidio.
La violencia se concentra en las provincias con mayor incidencia de estructuras criminales y crisis de seguridad. El informe detalla que la mayor cantidad de registros se concentra en:
Aldea destacó que este aumento de la violencia está intrínsecamente ligado al contexto actual, dominado por economías criminales y sistemas de crimen organizado.
La Asociación advierte que las mujeres y niñas se encuentran «siempre en mayor situación de vulnerabilidad frente a hombres armados, y, por tanto, en mayor riesgo».
Un dato escalofriante es que el 78 % de los asesinatos de mujeres y niñas registrados este año se ejecutaron con armas de fuego, una clara señal de la creciente militarización del entorno criminal.
La organización subraya la urgencia de entender los patrones cada vez más sanguinarios, misóginos y sistemáticos bajo los cuales están siendo asesinadas las mujeres.
Para analizar esta nueva dinámica, Aldea citó a la teórica argentina Rita Segato, quien plantea que las múltiples facciones criminales (bandas, pandillas, mafias, grupos paraestatales y estatales) actúan como verdaderas corporaciones armadas.
«Todos los asesinatos de mujeres y niñas perpetrados por estos grupos deben entenderse como crímenes corporativos: ejecutados por miembros armados que actúan en nombre de una estructura de poder», refiere el informe de Aldea.
Estos crímenes incorporan, además, niveles adicionales de saña, crueldad y odio dirigidos específicamente a los cuerpos femeninos. Hoy en Ecuador, los cuerpos de mujeres y niñas están siendo utilizados «como despojo, botín de guerra: para mostrar poder, marcar límites, ejecutar venganzas o sembrar terror».
El informe concluye con una fuerte crítica a la respuesta institucional y social, señalando que «mientras la justicia está dormida, el machismo avanza con pasos gigantes y normaliza esta violencia extrema como práctica cotidiana y aceptada en todos los ámbitos: familiar, comunitario, laboral, político».
Finalmente, Aldea hizo un llamado urgente a la acción, recordando que las familias no son víctimas colaterales de los femicidios, sino víctimas directas.
Es indispensable garantizar la justicia y, sobre todo, la reparación integral, especialmente para los hijos e hijas que quedan en situación de orfandad tras estos crímenes atroces.