por: María Fernanda Pérez
21/02/2026 | 5:30 pm
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En un esfuerzo desesperado por reconectar con sus hijos, decenas de padres en Corea del Sur han comenzado a participar en un programa de confinamiento voluntario.
La iniciativa busca que los progenitores experimenten en carne propia el aislamiento extremo que viven los «hikikomori», jóvenes que deciden retirarse completamente de la sociedad y recluirse en sus habitaciones por meses o años.
En el programa se los participantes, vestidos con uniformes azules, se alojan en celdas individuales de dimensiones mínimas, similares a un armario.
Durante su estancia, tienen prohibido el uso de teléfonos móviles, computadoras o cualquier dispositivo de comunicación. El único contacto con el exterior se reduce a una pequeña ranura en la puerta por donde reciben sus alimentos.
Este «confinamiento planificado» tiene como objetivo que los padres, mayoritariamente de jóvenes entre los 15 y 30 años, logren una introspección profunda y comprendan el estado emocional de sus hijos.
El fenómeno Hikikomori y el dolor familiar
El término «hikikomori», de origen japonés pero con una incidencia creciente en Corea del Sur, describe a personas que cortan toda comunicación con el mundo.
Casos como el de Jin Young-hae (nombre ficticio), madre de un joven de 24 años, ilustran la gravedad de la situación: su hijo vive retraído en su cuarto, descuidando incluso su higiene y alimentación básica.
«Me he estado preguntando qué hice mal… es doloroso», confesó Jin tras pasar horas en soledad. Para ella y otros padres como Park Han-sil, cuyo hijo de 26 años lleva siete años aislado, la celda no es un castigo, sino una herramienta de empatía. Park asegura que la experiencia le ha permitido entender que no debe forzar a su hijo a «encajar en un molde específico», sino aceptar su realidad actual para intentar ayudarlo.
Es importente destacar que Corea del Sur enfrenta una crisis de soledad juvenil vinculada a la alta presión académica, el desempleo y las expectativas sociales rígidas.
Según los expertos, el aislamiento voluntario de los padres es una respuesta farmacogenética y social a un fenómeno que las terapias convencionales no han logrado resolver del todo.