por: Televen
Foto por ANDREW CABALLERO-REYNOLDS / AFP
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, concluyó este viernes una visita oficial a Pekín centrada en la obtención de acuerdos económicos, dejando en un segundo plano las disputas sobre el contencioso de Taiwán y la guerra comercial.
Durante el encuentro, el mandatario estadounidense enfatizó la llegada de inversiones chinas de gran escala a territorio norteamericano, minimizando temas críticos de defensa y ciberseguridad.
La comitiva estadounidense estuvo integrada por más de quince consejeros delegados de las firmas más influyentes en finanzas, ingeniería y tecnología, tales como Apple, Tesla y Nvidia. Figuras como Tim Cook, Elon Musk y Jensen Huang desempeñaron roles diplomáticos de relevancia similar a la de los secretarios de Estado, del Tesoro y del Pentágono.
En el banquete de gala, la capitalización bursátil de las empresas estadounidenses presentes —sumada a gigantes chinos como ByteDance, Lenovo, Xiaomi e Hisense— fue comparable a la riqueza de la tercera economía mundial.
Sin embargo, el sector tecnológico chino mantiene cautela; un ejecutivo local señaló que Nvidia sigue siendo la única empresa que debe navegar simultáneamente bajo las sanciones impuestas por ambas potencias.
Uno de los puntos clave de la agenda fue la crisis con Irán, la cual se abordó desde una perspectiva comercial. Según informó la Casa Blanca, el presidente Xi Jinping se comprometió a aumentar la compra de petróleo estadounidense, con el objetivo de reducir la dependencia del crudo proveniente de Oriente Medio y equilibrar la balanza de pagos.
A pesar de estos avances, el optimismo de Trump enfrenta resistencia interna en Estados Unidos. Sectores del movimiento MAGA y legisladores republicanos han calificado esta apertura como una «trampa masiva», temiendo que la inversión china en áreas estratégicas como la energía renovable y la automoción eléctrica funcione como un «caballo de Troya» en sectores donde el país asiático ya ostenta dominio.
Durante el viaje, Trump evitó confrontar a Xi Jinping sobre el robo de propiedad intelectual o las acusaciones de espionaje, argumentando que ambas naciones realizan actividades similares de inteligencia.
Asimismo, el mandatario restó importancia a las declaraciones de Xi sobre el supuesto declive de Estados Unidos, atribuyendo dichas críticas a la administración de su predecesor.