Foto por MARTIN BERNETTI / AFP
América Latina ha registrado históricamente una serie de eventos telúricos de gran magnitud derivados del constante movimiento de las placas tectónicas del Pacífico y Sudamérica.
A lo largo de las últimas décadas, catástrofes sísmicas en Chile, Haití, Perú y México han marcado un hito tanto por la magnitud de la energía liberada como por la gravedad de su impacto en la infraestructura urbana y la pérdida de vidas humanas.
Los eventos sísmicos de mayor trascendencia en la historia de América Latina —encabezados por el terremoto de Valdivia en 1960 y la catástrofe de Puerto Príncipe en 2010— continúan siendo objeto de estudio e intervención pública en la región debido a la devastación humana, el colapso estructural y los aludes masivos provocados por la interacción tectónica en el Cinturón de Fuego del Pacífico.
Expertos e informes de gestión de riesgos coinciden en que la combinación entre la magnitud del sismo y las condiciones geológicas o socioeconómicas de cada territorio determina el alcance del desastre.
Chile, 1960
El registro instrumental global sitúa al terremoto de Valdivia (Chile) de 1960 como el evento de mayor potencia física detectado por la ciencia, alcanzando una magnitud de 9,5 M_w.
Este megasismo no solo alteró la topografía del sur chileno, sino que generó un tsunami de alcance transoceánico. De acuerdo con reportes sismológicos históricos, la liberación de energía fue tal que «transformó radicalmente la geografía de la costa del Pacífico y estableció un precedente histórico sobre el límite sísmico de las zonas de subducción».

Haití, 2010
Por su parte, el terremoto de Puerto Príncipe (Haití) en 2010, de magnitud 7,0 M w, es catalogado como el evento sísmico con el mayor número de víctimas mortales en la historia reciente del continente americano.
A pesar de registrar una magnitud inferior a otros sismos del continente, la poca profundidad del hipocentro y la elevada vulnerabilidad de la infraestructura nacional provocaron un colapso institucional y socioeconómico de proporciones bélicas.
Fuentes de organismos internacionales indicaron en su momento que «la vulnerabilidad estructural y la densidad poblacional en la capital haitiana multiplicaron de forma exponencial el impacto destructivo del evento telúrico».
Perú, 1970
En la región andina, el terremoto de Áncash (Perú) de 1970, con una magnitud de 7,9 M w, desencadenó el desprendimiento de una cornisa de hielo del nevado Huascarán, generando un alud masivo de lodo e hielo que sepultó por completo la ciudad de Yungay y otras poblaciones aledañas.
Reportes oficiales de la época concluyeron de forma indirecta que el mayor peligro de este evento residió en el efecto secundario geológico, pues «la avalancha de material glacial corrió a una velocidad superior a los 200 kilómetros por hora, borrando comunidades enteras en cuestión de minutos».
México, 1985
El fenómeno de amplificación del suelo quedó en evidencia durante el sismo de Ciudad de México en 1985 (magnitud 8,1 Mw). A pesar de que el epicentro se localizó en las costas del estado de Guerrero, a más de 350 kilómetros de la capital mexicana, la composición arcillosa del antiguo lecho lacustre sobre el que se erige la ciudad amplificó sustancialmente las ondas sísmicas, ocasionando un colapso masivo en el centro urbano.
Chile, 2010
Finalmente, el terremoto de Maule (Chile) en 2010, de magnitud 8,8 Mw, puso a prueba la infraestructura moderna de la nación sudamericana.
Aunque la afectación en puentes, carreteras y edificaciones fue de gran escala a nivel nacional, la estricta aplicación de la normativa de construcción sismorresistente impidió una tasa de colapso urbano similar a la observada en otros países de la región.

Venezuela: Doblete sísmico de 2026
En el contexto geológico venezolano, la compleja interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana ha producido eventos de relevante significación histórica, destacando el fenómeno conocido como el doblete sísmico de Venezuela.
Este comportamiento geológico se caracteriza por la ocurrencia de dos eventos telúricos de magnitud similar en un lapso temporal sumamente corto y en una misma sistema de fallas (como el sistema de San Sebastián o El Pilar), lo que genera un nivel de fatiga estructural acumulada en las edificaciones urbanas.
Así, es importante mencionar el doblete sísmico registrado en Venezuela el 24 de junio de 2026. El evento inició a las 18:04 hora local con un sismo de magnitud 7,2 Mw, seguido apenas 39 segundos después por un evento principal de magnitud 7,5 Mw con epicentro frente a las costas de Catia La Mar, estado La Guaira.
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